Por Mauricio Sulaimán / Hijo de José Sulaimán / Presidente del WBC

Han pasado doce años desde que Don José nos dejó. El pasado viernes celebramos una misa profundamente conmovedora en la Antigua Basílica de Guadalupe, donde la familia Sulaimán recibió muestras de afecto que son, sencillamente, difíciles de expresar con palabras. Mi padre dejó una huella indeleble en miles de personas; es verdaderamente emocionante ver cómo sigue siendo recordado como alguien que realmente dio su vida para servir a los demás. Ver una Basílica llena un viernes —un lugar distante para muchos— y ver a personas que viajaron desde el extranjero y de varias ciudades de la provincia, junto con los innumerables y hermosos mensajes que recibimos, nos hizo sentir como si la misa fúnebre acabara de ocurrir.

Gracias por recordar y amar siempre a mi padre de esta manera.

Don José escaló cada peldaño de la escalera del boxeo. Comenzando desde niño, fue un boxeador amateur cuyos amigos eran todos boxeadores. Una vez que colgó los guantes —al darse cuenta de que competir no era su vocación— se dedicó a servir al deporte desde todos los frentes imaginables. Fue mensajero de la comisión de boxeo en Ciudad Valles, San Luis Potosí, así como anunciador de ring, cronometrista, juez, réferi, asistente médico y secretario de comisión. Más tarde, fue comisionado de la Comisión de Boxeo de Ciudad Victoria, su Presidente y, finalmente, Presidente de la Federación Nacional de Comisiones de Boxeo de la República Mexicana.

El destino lo llevó luego a mudarse a la Ciudad de México desde la provincia para establecer su negocio, una asociación entre la empresa estadounidense Graphic Controls y la creación de su contraparte, Controles Gráficos, la fábrica de productos médicos que sigue en operación hoy en día. Fue precisamente a su llegada a la ciudad en 1963 cuando se fundó el Consejo Mundial de Boxeo (WBC). Allí comenzó su camino como asesor, secretario ejecutivo y secretario general, hasta que finalmente fue elegido Presidente en 1975.

Su única condición para aceptar el cargo fue que se le permitiera liderar una cruzada para humanizar el boxeo. Había vivido y presenciado el sufrimiento de los boxeadores en todos los aspectos; no había protección ni cuidado alguno. Eran tratados como mera mercancía para entretener al público y generar ganancias para los promotores, sacrificando su bienestar físico —e incluso sus vidas— solo para ser desechados y olvidados en la soledad tras sus años de acción en el ring.

El Consejo Mundial de Boxeo, nuestro querido WBC, es responsable de cambiar drásticamente el panorama para hacer este deporte más seguro para quienes suben al ring. La implementación de nuevas reglas requirió años de investigación médica y científica, y muchos conflictos para romper con costumbres arraigadas y prácticas comunes. Al final, podemos decir con orgullo que se han salvado muchas vidas y que la calidad de vida después del boxeo ha mejorado. Continuamos con la misma determinación día tras día, buscando formas de mejorar las condiciones de los peleadores en todo el mundo, no solo para aquellos que pelean por títulos del WBC, sino para cualquiera que suba al ring.

Don King con Julio César Chávez en uno de sus múltiples encuentros con Don José

Akihiko Honda de Teiken promotions y el señor Kawaragi

Memorable reunión con Nelson Mandela con Mike Tyson

Muhammad Ali, Don King y Omar Shariff en el Congreso Médico de 1983 llevado a cabo en México

Un boxeador es un gladiador; está dispuesto a hacer lo que sea necesario para ganarse la vida. Por esa misma razón, se deben tomar decisiones difíciles para protegerlos, a veces incluso de sí mismos.

La semana pasada, durante una función de boxeo en la Ciudad de México, estaba programado para competir un peleador, un joven muy querido por nosotros que, lamentablemente, no está en condiciones físicas para subir al ring. Sufrió un desprendimiento de retina, tal como fue reportado y confirmado por exámenes médicos y expertos. Aun así, este joven guerrero estaba desesperado por pelear, impulsado por la necesidad de ganar dinero para mantener a su familia. Afortunadamente, el combate fue detenido tras una revisión de la situación por parte de Don Ciro Nucci, Presidente de la Comisión de Boxeo de la Ciudad de México. El peleador no será abandonado; exploraremos opciones para corregir su condición para que eventualmente pueda regresar al ring y, si no es así, lo apoyaremos para encontrar formas de ganarse la vida.

También la semana pasada se anunció que el gran campeón Saúl «Canelo» Álvarez regresará al ring para una cartelera en Arabia Saudita el 12 de septiembre. Esta es una gran noticia para el boxeo mexicano y mundial, ya que es alguien que ha estado en la cima del deporte durante los últimos catorce años. Seguramente regresará con total enfoque para prepararse para esta etapa final de su carrera como el gran campeón que siempre ha sido.

José Sulaimán: 50 Años…

Una de las reglas más importantes introducidas por el WBC fue cambiar el pesaje oficial a un día antes de la pelea. Durante décadas, se realizó el mismo día; los peleadores subían a la báscula apenas unas horas antes del combate. Los boxeadores se preparan durante meses para dar el peso, llevando sus cuerpos a límites inimaginables con altos niveles de deshidratación. Anteriormente, no podían recuperarse a tiempo para pelear, lo que derivaba en muchas tragedias y lesiones que cambiaban vidas. Hoy, desde principios de los años 90, pesarse un día antes les permite comer, descansar, tener un sueño reparador la noche previa, rehidratarse y reponer el líquido encefálico necesario para proteger el cerebro.

¿Sabías que…?

Rubén «Púas» Olivares fue uno de los ejemplos que llevó a Don José a cambiar esta regla. El «Púas» iba a pelear en Mexicali, que es una de las ciudades más calurosas del mundo, y tuvo dificultades enormes para dar el límite del peso gallo. La noche antes del pesaje y la pelea, se despertó desesperado y se bebió una jarra entera de agua, ganando más de seis libras instantáneamente. A la mañana siguiente, lo metieron en un auto bajo el sol abrasador con la calefacción encendida, envuelto en plástico, capas de chaquetas y mantas. El «Púas» dio el peso y ganó la pelea, pero solo después de soportar un «infierno en vida» inhumano.

ANÉCDOTA DE HOY

Desde su fundación en 1963, el WBC ha crecido a través de la afiliación de países en todo el mundo. Durante un viaje a Argentina en 1978, mi padre conoció a un joven periodista, un amante del boxeo y entusiasta sin medida. Eduardo Lamazón eventualmente se mudó a México y dedicó 24 años de servicio incansable a caminar al lado de Don José en el largo proceso de convertir al WBC en la organización más importante del mundo.

Eduardo fungió como Secretario Ejecutivo, y una de sus principales responsabilidades fue elaborar meticulosamente las clasificaciones mundiales mes tras mes. Su lealtad hacia mi padre siempre fue reconocida; realmente fue considerado otro hijo para Don José y Doña Martha. Lamazón es actualmente un reconocido analista de televisión para Box Azteca.

Agradezco sus comentarios en contact@wbcboxing.com

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